Dolor de cabeza…  de cara… Calambres que se proyectan en la garganta, en el cuello, en el oído… Mucha ansiedad… Éstos son algunos de los síntomas del desconocido Síndrome de Eagle. Un síndrome que fue descrito en 1937 por el Doctor Watt W. Eagle. De ahí que lleve su nombre. Los pacientes que lo padecen presentan un alargamiento de la APOFISIS ESTILOIDE, es decir, el hueso temporal de dichas personas supera la longitud normal. El largo idóneo se encuentra entre los 20 y 25 mm y, por tanto, se considera como responsable del síndrome un largo superior a los 30 mm. A los 3 cm.

Este hueso está situado en la cabeza. Bajo el canal auditivo. Pasa entre las arterias carótidas, las que discurren a ambos lados del cuello. La externa es la arteria de la cara y la interna atraviesa el paquete vascular y nervioso del cuello. Por este hueso temporal alargado también discurren el músculo superior de la faringe, la vena yugular interna y los nervios que nacen en la parte superior del sistema nervioso, en el encéfalo. La compresión de cualquiera de estos elementos provocaría el dolor.

El Síndrome de Eagle es poco frecuente. Lo padecen entre el 1,4 y el 30% de la población. Y, de este porcentaje, tan sólo el 4% presenta síntomas. Son personas que suelen haber sobrepasado los 50 años. Sin embargo, la mujer es la que tiene 3 veces más riesgos de padecerlo.

Ningún caso es igual. Los síntomas dependen de los tejidos afectados que son comprimidos por este alargamiento óseo. Y su tratamiento puede ser tanto farmacológico como quirúrgico. Aunque la cirugía suele presentar grandes dificultades debido a la sensibilidad de la localización del hueso temporal.

About these ads