El día de Cataluña o, como allí se conoce, la Diada Nacional de Catalunya, se viste de fiesta cada 11 de septiembre. A lo largo de este día se quiere conmemorar la caía de Barcelona bajo la sombra de las tropas borbónicas. Una fiesta que lleva celebrándose desde 1714. Sin embargo, este año tanto el Gobierno de la Generalitat como diversas personalidades de la política catalana, han estado un tanto incómodos por los ciudadanos presentes durante la celebración: la polémica financiación y el independentismo más radical  fueron los temas que pintaron el día de un gris tirando a oscuro. Además, la misma tarde del pasado jueves, unos manifestantes independentistas se hicieron notar al quemar fotografías de los reyes y banderas de España y Francia.

Afortunadamente, la Casa Real no tiene de qué preocuparse. La justicia ya ha tomado las riendas en el asunto  tal y cómo ha ocurrido otras veces en las que las fotografías reales han sido prendidas.  Ahora, la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha pedido a la Consejería de Interior de la Generalitat que le facilite urgentemente un informe sobre los altercados y sobre las actuaciones de los Mossos d´Esquadra en los incidentes.

Pero, al parecer, la justicia no ha tenido que mediar sólo con los reyes de España. También con los Duques de Palma. El sábado 13 septiembre, un hombre lanzó a la residencia de la Infanta Cristina en Barcelona una garrafa con tres litros de líquido inflamable y, seguidamente,  lanzó un “cóctel molotov”. El acto ocasionó daños leves y el presunto culpable fue detenido. Ayer a medio día, el juez de la localidad barcelonesa de Mataró envió a prisión provisional al autor de los hechos por un delito “contra la Corona”, otro por “incendio con peligro” y otro por “atentado contra la autoridad”.

Esperemos que, en un futuro, la justicia actúe tan rápidamente para cuestiones que nos involucran directamente a todos y cuyas consecuencias tienen una gravedad irreversible.

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