ETA se mancha de nuevo las manos de sangre. Tres bombas en menos de 24 horas. Tres. Ondárroa, Vitoria y Santoña. Ha sido en esta última localidad donde ha fallecido esta madrugada Luis Conde de la Cruz, miembro de la brigada del Ejército, que pasaba unos días de vacaciones en compañía de su mujer y su hijo.

   El coche bomba explosionó en las inmediaciones del Patronato Militar de Santoña. No hubo tiempo de reaccionar. No hubo tiempo de avisar. La onda expansiva hirió a seis personas y acabó con la vida de Luis Conde.

   Los compañeros de la víctima esperaban en Segovia, en la Academia de Artilleria, los restos mortales de la víctima. Esta Academia era el lugar donde Luis trabajaba. Hoy es su capilla ardiente. Mañana, testigo de su funeral.

   Lamentablemente, este atentado marca una nueva fecha en la agenda del terrorismo español. Una agenda negra. Una agenda que cerrará sus cubiertas para siempre cuando la última frase labrada en sus páginas sea: “FIN A ETA”.

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