Ocurría ayer en un hemiciclo desierto. En un pleno donde faltaron hasta los “leones” del Congreso: parece que Zapatero, en Nueva York, ha querido aprovechar las ofertas americanas para hacer las últimas compras fuertes del año. Rajoy anda estudiando los exámenes de septiembre, no porque haya suspendido sino para subir nota. Durante el verano se ha preparado bien la asignatura de economía. Aquello del balance, aquello del Debe y el Haber.

Apenas unos diputados se quisieron hacer oír. Y lo consiguieron. Pedro Solbes, con una melena plateada un tanto desbocada, casi provoca infartos políticos al afirmar que “el Gobierno nunca ha negado la crisis”. No obstante, el momento pletórico lo protagonizaron la ministra de Fomento y el diputado popular Andrés Ayala.

Ayala acusó a Magdalena Álvarez de haber infiltrado información confidencial a los medios de comunicación. Conversaciones y vídeos publicados por medios donde se puede ver abiertamente cómo ocurrió en vivo y en directo el trágico accidente de Barajas el pasado día 20 de agosto. Donde podemos escuchar conversaciones de los trabajadores de AENA minutos antes del accidente, incluso segundos. La culpó porque el informe había sido enviado desde un fax del ministerio de Fomento. El diputado popular llamó a dicho ministerio “república bananera”.

La ministra no se cortó un pelo. Nerviosa por las acusaciones, retó al diputado popular con llevarle a los tribunales si le acusaba fuera del parlamento de participar en las infiltraciones. Álvarez apoya la “independencia” funcional de la Comisión de Investigación aunque sólo dos personas propuestas por Fomento sean miembros. El resto de la Comisión está formado por siete personas. Representan a los pilotos, a los controladores, a los ingenieros y a otros organismos.

Aunque en algunas ocasiones prevalezca la libertad expresión y de información, hay que ser humanos. No hay que olvidarse de las víctimas ni de los familiares al informar. Ellos son los primeros que sufren.

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