En las grandes ciudades se suele ir corriendo de acá para allá continuamente. Los días de diario apenas tenemos tiempo para pararnos a desayunar. Salimos de casa para ir a trabajar casi con lo puesto y, en algunas ocasiones, vemos a estudiantes perezosos y despeinados. Adormilados. Es así como entramos al metro, al tren de cercanías o al autobús. Y es ese despiste adormilado el que nos traiciona.

A nuestro alrededor no sólo vemos personas que, como nosotros, van a trabajar o a estudiar. Hay profesionales del hurto bien camuflados entre la multitud. Los famosos carteristas. Consiguen hacerse con las carteras de los viajeros sin apenas rozar la ropa. Actúan en conjunto buscando su presa entre los metros más atestados y en hora punta: bolsos, maletas, carteras…

Los apodos de los reyes del hurto en los vagones son bien conocidos por la policía: “el hombre del diario”, “la pareja de Cuba”, “los chilenos”….

A partir de ahora, habrá que controlar el despiste en el transporte público porque… puede que, al bajar, nos encontremos con alguna sorpresa…

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