Es difícil comprender una situación cuando apenas se conoce. Es difícil entender la información que transmite una fotografía o un vídeo cuando lo contemplamos a través de la pantalla del televisor, o en las páginas del periódico diario, aún calientes por la salida temprana de la rotativa.

 

El conflicto del Sahara lleva vivo mucho tiempo. Accesible su información para todos, pero incomprensible para muchos. Son muchos los frentes abiertos, demasiadas piedras en el camino para una posible solución. Gracias a una asignatura, Instituciones Internacionales, he podido adentrarme en este mundo, he tenido la oportunidad de profundizar y conocer aquello que sólo a unos pocos interesa. Sencillamente, descubrir es apasionante. Sin embargo, en muchas ocasiones no nos gusta lo que descubrimos.

 

Defender los Derechos Humanos. Ese es el objetivo de Human Rights Watch (HRW). Una organización no gubernamental fundada en 1988. Según se ha publicado en los medios de comunicación, Sarah Leah Whitson, directora para Oriente Medio y Norte de África de HRW, ha redactado un informe de 216 de páginas. Contundente ha sido su afirmación: “las fuerzas de seguridad detienen arbitrariamente a manifestantes y presuntos activistas saharauis, a los que golpean, torturan y obligan a firmar confesiones policiales incriminatorias, todo ello con virtual impunidad”.

 

El informe, presentado esta mañana en Rabat, no sólo habla de las torturas marroquíes. Esta es la primera vez que se analiza el cumplimiento o no de los Derechos Humanos en Tinduf, Argelia, en los campos de refugiados saharauis. Según el escrito, el Frente Polisario “permite que los refugiados critiquen su gestión, pero margina a los que se oponen directamente a su liderazgo“. Además, HRW afirma que existe “una falta de observación regular de las condiciones sobre el terreno”.

 

Es muy complicado adentrarse en este conflicto, difícil entenderlo y casi imposible de resolver…

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