Parece ya tarea imposible que nuestros familiares dejen de fumar. Con mi madre no lo he conseguido y con mis amigas tampoco. Es incomprensible llegar a casa y ver en la cocina tal cantidad de humo. Todos fuman menos mis sobrinos y yo. Y para el pasivo no es agradable. En absoluto.

Como tampoco lo es saber que dos años después de entrar en vigor la ley antitabaco la venta de cigarrillos en España ha aumentado en vez de disminuir. Este año se ha experimentado un aumento del 1,29%. Y aunque la población con respecto a 2006 también haya crecido en 1,1%, el aumento de tabaco tras la implantación de la ley es considerable.

Son muchos los locales inhabilitados para los fumadores. No obstante, ¿se cumple la ley? El Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo destaca unos puntos clave a mejorar: uno de ellos sería “avanzar la ley para extenderla a todos los espacios públicos”; el siguiente es llevar a cabo un tratamiento para aquellos que deseen dejar de fumar, o lo que es lo mismo, que se estudie la posibilidad de que los medicamentos para luchar contra tal dependencia los sufrague la sanidad pública; y como última medida posible, elevar el precio de las cajetillas para evitar que a los jóvenes se les haga atractivo tanto comprar como fumar.

 

¿Llegaremos alguna vez a disfrutar de esos anhelados espacios sin humo?

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