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Mucho calor hacía ese día. Un día de verano… Ese día juraron y prometieron cargo los nuevos miembros de la cúpula militar. Y el JEMAD. Antes del acto, en el patio del Ministerio de Defensa, la ministra Carme Chacón pasó revista. Y ese día no hubo críticas por su manera de vestir. Tampoco las hubo cuando visitó, en el mes de septiembre, las instalaciones del hospital de campaña levantado en el Gómez Ulla. Y esperemos que, durante el 20 aniversario de la mujer en las Fuerzas Armadas, las miradas estuviesen dirigidas hacia la labor de la figura femenina dentro de un cuerpo militar profesional. No hacia la ministra.

 

Pero como es habitual en este país altamente mediatizado, la noticia está en todas partes… Durante la Pascua Militar, la Casa Real dio el visto el bueno al traje que lució la ministra de Defensa, un esmoquin de Purificación García. Sin embargo, la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) está descontenta puesto que el protocolo marca que la mujer debe lucir vestido largo. “Si quiere ser progre y moderna, que cambie las normas, pero, si no lo hace, debe cumplir la ley. Su actuación no parece la más adecuada como ejemplo para el Ejército, porque precisamente éste se basa en la disciplina y en el cumplimiento de las normas”. Estas han sido las palabras de Mariano Casado, secretario general de la AUME, quien ha visto con malos ojos el traje de chaqueta de la ministra.

 

Por el contrario, Chacón se ha visto arropada por varias personalidades. Una de ellas, sorprendentemente, ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a quien le ha parecido “correctísimo”. También ha defendido su postura Ana María Pérez del Campo, responsable de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas. Ella ha calificado las críticas vertidas hacia la ministra de “machismo subyacente”.

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