Este frío. Es este frío. El que vivimos. El que sufrimos y respiramos cada día. Es este frío el que corta el rostro andante, caminante. Se cuela en cada hueco. Busca el resquicio virgen para llenarlo, para contaminarlo con su gélida zozobra. Es este frío el que baña de amargura a cada alma callejera. Es este frío cortante el que arrasa. El que abrasa. El que alimenta la angustia y la pena.

 

Es este frío el que sentimos. Sentimos el frío en nuestro cuerpo como un cuerpo ajeno. Así es este frío, ajeno a nosotros. Yermo, inerte, ajeno. Así es este frío. Como el que siente Europa y muere. Y no llega el gas y viene el frío. Y mueren. Eslovaquia, Bulgaria, Rumania muere.

 

Como muere Gaza… Es este frío…Vino Israel, la muerte y el frío… Y muere Gaza. Niños hambrientos sobre los cuerpos calcinados de sus madres. Ambulancias que no llegan. Médicos que no viven, sólo salvan… si pueden… Y no viven. Heridos, sangre, destrucción y muerte. Este frío… Palabras heladas de frío se pasean entre los tanques, caen con las bombas… Caen con ellas y mueren. Dichoso frío que va en cada disparo congelando las almas de los inocentes. Y hombres y mujeres y niños huyen. Huyen del plomo frío… Del plomo frío que les persigue a cada instante… Huyen del plomo frío porque mueren. Sufren, sienten el frío entre sus carnes, entre la piel desgastada por el llanto, en su corazón, seco ya de desesperación y desgarro…

 

Yermo, inerte, ajeno… Así es este frío…

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