Jose Manuel Medina. Por Ángela Paloma Martin

Jose Manuel Medina. Por Ángela Paloma Martín

 

MUCHO le ha cambiado la vida a Jose Manuel Medina desde que decidió aventurarse en un entorno familiar. “Enamoraillo”. Es así como este atractivo alguacil de ojos azules afirma sentirse: “enamoraillo”. Fue el destino y el deseo del amor lo que hicieron que Sara (a quien la mala suerte la dejó al autónomo cuidado de dos soles por hijos) y Jose Manuel se encontrasen para compartir sus vidas. Tras terminar de recoger la cocina, como buen amo de casa, Jose se sienta a mi lado esperando impaciente una primera pregunta. “Soy rabanero de pura cepa”. Con esa frase arranca este funcionario para decirme que nació en Argamasilla de Calatrava, uno de tantos pueblos agrícolas y ganaderos que componen la basta Castilla, la basta Mancha. Al mismo tiempo que lo escucho, me cuesta observar esos ojos cristalinos: Jose no mantiene la mirada, divaga con movimientos suaves mientras piensa cuál puede ser la respuesta correcta. Chistoso y agradable. Así es Jose Manuel. Dos cualidades que lo hacen único, cercano, familiar. Amigo. Adora a esos niños que entraron en su vida para quedarse: Solete y Juan Arturo. Con ellos comparte, casi a diario, una de sus grandes aficiones: el deporte. Sin embargo, “Chemita”, como suele llamarlo Sara, ha conseguido que estos niños admiren otro de sus grandes hobbies: la “columbicultura”. “Consiste en el cuidado de las palomas, genética, crianza, preparación para exposiciones y concursos”. La columbicultura es una afición poco rentable. No obstante, hay muchas personas que se dedican de manera profesional y viven de ello. El gasto es importante si se compite en concursos de alto nivel. Jose me transmite lo que siente por estas aves con una pasión indescriptible. Se emociona. Es por ello que no para de romper palillos con las manos al mismo tiempo que me explica, con detenimiento, la belleza que se puede observar en una paloma bien cuidada. Esta belleza puede ser premiada en concursos nacionales y regionales. Como el de Toledo, considerado por Jose como el más importante de España y donde él consiguió un merecido segundo puesto al presentar una paloma en 2006. Sara, junto a sus hijos, ha aprendido a valorar y a apreciar esta curiosa afición. Este rubio columbicultor de 39 años sabe empapar de curiosidad a aquel que lo escucha. A aquellos que viven con él: “es ahora cuando me siento realmente feliz”.

Mayo de 2008

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