ESTE domingo, el periódico El País publicaba una entrevista de Harold Evans, ex director de “The Sunday Times” y de “The Times”. Este veterano del periodismo inglés, explicaba en ella lo que sucedió con un medicamento en los años 70: la talidomida. Gracias a sus esfuerzos económicos y a su insistencia hacia los políticos, investigó sobre el caso y publicó una información que actuaría como garante futuro de su profesión y de su periódico. La talidomida producía graves efectos secundarios en el feto de la madre que tomaba el tratamiento. Y, al leer dicha entrevista, he recordado lo que viví en el Congreso de los Diputados, el 10 de septiembre de 2008, cuando un grupo de mujeres interrumpieron la sesión. Pedían justicia. Escribí en su día unas líneas sobre ello. Hoy las rescato. Las rescato porque el caso de estas mujeres me conmovió. Cuando las entrevistamos no se asustaron. No les asustaban  las cámaras ni los micros. Con su “tembletera” nerviosa a cuestas, ellas recitaban una y otra vez lo que les había ocurrido, cómo se sentían… Hoy rescato esas palabras que escribí ese día, el 10 de septiembre de 2008…

 

 

Antes menopausia, ahora párkinson

 

 

Eran las 9 de la mañana cuando, en el patio del Congreso, hacían procesión los ministros y diputados para entrar al hemiciclo. Una hora exacta ha tardado el presidente del Gobierno en ofrecer, lo que él ha llamado, medidas económicas para paliar esta crisis tantas veces negada (o evitada). Y al finalizar, cuando Zapatero se disponía a ocupar su asiento, dos mujeres han interrumpido el pleno y han arrojado medicamentos desde la tribuna. También una camiseta que le ha servido a Manuel Pizarro para arroparse las ideas, para que no se le olvide el concepto “recesión” y así pueda recordársela de vez en cuando a los políticos socialistas. 

El cuerpo de seguridad del Congreso no ha tardado ni dos segundos en frenar a estas mujeres. Estaban enfermas. Pedían soluciones y atención médica. Las han expulsado de manera automática. Casi instantánea. Sin embargo, la prensa las esperábamos en la puerta de invitados del político edificio. ¿Qué ha pasado?  Estas mujeres han sido víctimas de los efectos secundarios de un medicamento: Agreal. Mujeres con menopausia fueron tratadas con este fármaco y un año más tarde comenzaron a aparecer los efectos secundarios: depresión, daños cerebrales y pulmonares, parkinson, pérdidas de memoria… 

Como Rosa Alanzor, Mª Carmen Martínez y Ascensión Mirete, ya más de 500 mujeres de entre 48 y 65 años sufren los efectos secundarios del producto fruto de la empresa Sanofi-Aventis. Aseguran que muchas han muerto envenenadas y otras, desgraciadamente, han terminado por suicidarse. España prohibió su venta en el año 2005. No obstante, se continúan produciendo diversos juicios. A través de actos, manifestaciones, charlas etc… las afectadas han solicitado hablar con el ministro de Sanidad, Bernat Soria. Pero aseguran no obtener respuesta. A lo largo de los años el sistema nervioso de estas mujeres ha ido empeorando. Pero no se rinden. Quieren asistencia médica. Quieren soluciones. Respuestas. Y las quieren ya. Después, quizás, será demasiado tarde…

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