Por Ángela Paloma Martin

Por Ángela Paloma Martín

AL hablar con diversas personas a lo largo de esta semana, he percibido un tono desalentador. “¡No voy a leer una noticia más ni voy a ver los informativos de televisión!” Esas fueron las palabras que escuché el otro día de boca de un conocido. Al parecer, por lo que escucho atenta e indirectamente, la sociedad está recibiendo información negativa de los medios de comunicación. La crisis, el paro, el número de muertes por la guerra, muertes y más muertes, violencia, delincuencia, robos, divisiones ideológicas políticas de aquellos que nos representan y también de aquellos que no nos representan… Toda la información que recibimos, dicen, es para “hundirse”, “deprimirse” y no salir…

Es cierto que los acontecimientos actuales no son para ponerse a bailar. Pero también ocurren cosas buenas y positivas que deberían entrar en la agenda de los medios. Aunque tan sólo fuese para compensar el ánimo de los usuarios que consumen la información. Sin embargo, hay noticias que se les da un rango superior de importancia. Y, estas noticias, suelen ser malas, negativas y deprimentes.

Escuchaba también que el tiempo no estaba acompañando en este caminar pausado de dificultades. Y es cierto. Este invierno está siendo verdaderamente crudo, largo, infinito. Y puede ser que el ánimo se agrave no sólo por los problemas personales que sufre la población, sino también porque el gris de los días hacen de esos problemas verdaderos pozos sin fondo.

No hay una solución inmediata para paliar esta crisis. No está en nuestras manos. Tampoco en la de los medios, aunque éstos podrían rotar la dinámica informativa. Pero no será así… Por lo que, entre todos, busquemos un poquito de alegría en medio de este caos…

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