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DICHO y hecho. El lunes, 9 de febrero lo anunció. Dos menos. Alberto López Viejo, consejero de Deportes, y Guillermo Ortega, gerente del Mercado Puerta de Toledo, ya han presentado su dimisión. Así lo anunció Aguirre y así fue. ¿El motivo? Su relación con los empresarios investigados por la trama de corrupción destapada el pasado viernes por el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón. Y uno más que, definitivamente, también se queda fuera, el alcalde de Boadilla del Monte, Arturo González Panero.

 Dicen que sus palabras se escuchan con mayor interés que las de la Rajoy. Dicen que su actuación y sus declaraciones son más creídas por los ciudadanos populares, no sólo de la Comunidad de Madrid, que si fuesen evocadas por Rajoy. Dicen de ella que impone respeto y liderazgo. Ella es Esperanza Aguirre. Y es que, con tanto sólo alzar el tono, es escuchada y creída. Y sus palabras van a misa como si del mismísimo papa se tratase. No se juzgan sus intervenciones. Y sus afirmaciones no son retractadas, como las de Mariano. Sean o no verdad.

 Sin embargo, y aunque algunas cabezas estén siendo cortadas, los problemas en el Partido Popular se acrecientan. Por un lado, la trama de corrupción. Por otro, el espionaje en la Comunidad de Madrid, cuyas investigaciones aportan cada día datos nuevos como para hacer temblar a aquellos que se sientan aludidos. De momento, ya han sido publicados los informes caligráficos de los partes de espionaje. De momento, las pruebas aumentan, se suman y siguen… aunque haya voces que aún desmientan esta curiosa actividad de seguimiento practicada no ahora, sino “mucho tiempo ha… “

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