Nieves Fernández tiene 57 años. Tras la mirada de esta manchega, natural de Hinojosas de Calatrava, se puede descubrir toda una vida de trabajo. Un trabajo que le encanta y que le apasiona: el mundo del transporte. Esta madre de cuatro hijas conduce autobuses desde hace más de 15 años. Su marido se ha dedicado toda su vida al transporte de viajeros y, años más tarde, después de casarse, hizo del trabajo de su marido la forma de vida de toda una familia.

Cada vez que tiene que hacer un servicio, Nieves sale contenta y feliz. Coge su microbús y se dirige a realizar la ruta de la mejor manera posible. Cautelosa, cuidadosa y prudente, suele transportar a niños: desde las casas donde viven, o las fincas donde trabajan sus padres, los lleva hasta el colegio. Angosta, áspera y difícil es la carretera por donde transita; cerca de Abenójar, Ciudad Real. Pero esto no es un impedimento para cumplir su trabajo con ilusión. Por ello, cada día se levanta temprano para cumplir con un ritual que ha hecho de su vida un camino inquebrantable.

Luchadora. Es así como, quizás, se define de improvisto. Una lucha acompañada de mucho sufrimiento a lo largo de los años. No obstante, su carácter fuerte no ha abandonado nunca a esta trabajadora. Ha sido su personalidad la que ha forjado una barrera difícil de franquear. Un modelo de mujer digno de conocer. Hoy, una de sus hijas sigue sus pasos. Los de su madre. Los de su padre. Rocío acaba de cumplir 30 años y lleva 9 en el negocio familiar. Esta joven morena también es conductora de autobuses. Al igual que, el que hoy es, su marido. A pesar de entregarse a la carretera, la hija de Nieves nunca abandonó los estudios. Sin embargo, la pasión que ahora tiene es continuar en este mundo. En el mundo del transporte de viajeros. Un mundo de hombres, pero también de mujeres. Un mundo en el que ha encontrado su sitio… A Rocío, sus padres le abrieron el camino…

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