El cuerpo no aparece. Todo lo trabajado y lo deseado por encontrar a Marta del Castillo parece inútil a medida que pasan los días. No hay forma de sacar palabras verdaderas a las personas que participaron de un teatro indeseable con final fatal. Nada. Ni un indicio. Nada. España a la espera. Un río mediático se ha despertado en este país por lo sucedido entorno a este misterioso y horrendo episodio. Ni en agua ni en tierra. Ni en el río, ni en el vertedero. Hacer cantar a los presuntos culpables no está siendo tarea fácil.

Miguel Carcaño, presunto asesino de la joven Marta, no ha dejado de desarrollar conjeturas equívocas desde que ingresó en prisión a mediados de febrero. El último incidente lo provocó ayer. Sobre las 20 horas de la tarde intentó quitarse la vida en los baños de la cárcel de Morón de la Frontera, Sevilla. Quiso ahorcarse con el cordón de su propio chándal. Sin embargo, el interno del centro que lo vigila se percató y avisó de inmediato. Nada le ha ocurrido al joven. Pero las alarmas se han disparado al encontrar una carta escrita por él en su habitación. Puede que en ella haya pistas sobre el caso. De momento, secreto de sumario.

¿Está Carcaño jugando con la justicia? Esa es la impresión que se detecta desde el exterior. Si el cuerpo no aparece, él y las personas que puedan estar implicadas se sacudirán restos de un polvo que con el tiempo se convertirá en invisible. Los culpables podrán olvidar, incluso rehacer sus vidas si el caso no se resuelve. Sin embargo, hay personas que sufrirán las consecuencias el resto de sus días… El tic-tac del reloj se hará imperecedero en su vidas hasta convertirse en la peor pesadilla. Una espera eterna y vana… Los padres de Marta del Castillo nunca podrán olvidar que les falta su hija.

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