Este abril ya ha comenzado. Y ha dado sus primeros pasos con una noticia de notable envergadura. Barack Obama ya ha llegado a Londres. Ha llegado su hora. Por fin el estreno en una reunión del G-20. Pero antes de la celebración, el joven presidente estadounidense no ha desaprovechado la oportunidad de charlar con el presidente ruso, Dimitri Medvédev. El intercambio de palabras entre ambos mandatarios tenía la pretensión de abrir nuevos horizontes de cooperación. En concreto, un acuerdo que asegure las limitaciones de los arsenales nucleares.

Las diferencias que han mantenido tanto Rusia como Estados Unidos hasta día de hoy es el resultado de unas malas relaciones tras la Guerra Fría. El mayor problema que causó esta guerra fue la proliferación de armamento nuclear de parte de estos dos países. Hoy, ambos están dispuestos a dialogar. Las conversaciones de estos dos líderes dieron su fruto: el acuerdo de los parámetros para trabajar en un nuevo acuerdo que sustituya al Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START), redactado en 1991 cuando aún existía la URSS. Rusia está dispuesta, antes de que termine este año, a suscribir un nuevo tratado de desarme que sustituya al START. Según  Medvédev, este es el “comienzo de un nuevo progreso en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos”.

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