Imagen en la iglesia de la Asunción. Ángela Paloma Martín

Imagen en la iglesia de la Asunción. Ángela Paloma Martín

 

Estamos en Semana Santa. Para algunos, estos días de fiesta significarán descanso, relax o reflexión. Otros vuelven a casa, después de muchos meses, para reencontrarse con sus familias. Y, otros, están mirando el cielo continuamente. Temen que una nube arruine meses y meses de preparación. Estos últimos son hermanos de cofradías que se preparan para vestir esta Semana Santa. Para los religiosos practicantes, estos días significan devoción y sentimiento. Rendirse ante la fe y celebrar la muerte y resurrección de Cristo.

Es cierto que, en las grandes ciudades, estas costumbres procesionales se van perdiendo. Las nuevas generaciones vienen renovadas, cuya fe es muy distinta a la que les inculcaban a sus abuelos. Mientras el conocimiento se va abriendo paso entre la sociedad de la información, la fe en la institución “Iglesia” se va perdiendo… Por mucha manifestación pro familia o en contra del aborto que se  celebre…

En los pueblos, los habitantes encalan sus casas, limpian a fondo cada rincón, sacan sus mejores ropas y celebran este acontecimiento acompañados de la mejor gastronomía de la región. Y la peineta que no falte…

En Puertollano, Ciudad real, cada año a las 12 de la noche, se celebra una procesión. Quizás, la de los miércoles, sea una de las que más gentío reúna. Sin contar con la de los viernes por la mañana. Pero es en esta, en la de los miércoles, donde los ciudadanos no se colocan a cada lado de la calle. Esperan en la gran plaza de la iglesia de la Asunción, se colocan como piezas de un puzle entre la escalinata y lo largo de explanada de piedra. Y a ella van llegando los nazarenos con una cruz a cuestas dos veces mayor que sus cuerpos. Arrastran unos pies cansados y descalzos. Y en el silencio de la noche, sólo un sonido: el roce de unas cadenas contra el asfalto, contra el suelo firme. Cadenas que llevan amarradas a tus tobillos cada nazareno anónimo. Y con su cruz a cuestas. Cuando aquellos que tenían promesa llegan hasta su destino, aparecen tres costaleros. Llevan a Jesús en la cruz. Y en el centro de la plaza, antes de entrar a la iglesia, la banda toca el himno. Al compás y con un público expectante, los tres costaleros comienzan a bailar la figura que con tanto esfuerzo han conducido hasta la Asunción. El final acaba con la cruz en pie mientras los fieles rezan… Al bajarla, los ciudadanos de Puertollano que presencian esta procesión, acompañan a los hermanos cofrades hasta el interior del templo.

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