La Insurrección. Mayo de 1808. Corbis

La Insurrección. Mayo de 1808. Corbis

Las calles de Madrid se tiñen de sangre

Á. P. Martín Fdez – Madrid

A los franceses no les es suficiente con obligar a Carlos IV y Fernando VII a abdicar en Bayona. Tampoco con imponerse en tierras españolas y subir al trono al hermano títere de Napoleón, José Bonaparte. Ahora, el cuñadísimo Murat quiere trasladar a los hijos de nuestro Rey, María Luis, Reina de Eturia y al infante Francisco de Paula hasta el agujero francés en el que han metido a su padre.

“¡Que nos lo llevan!”. Ese era el grito del gentío madrileño al mismo tiempo que se congregaban a primera hora ante el Palacio Real. Al ver que los soldados se llevaban al infante, los ciudadanos han comenzado un levantamiento popular espontáneo y han intentado asaltar la propiedad Real.

Murat, cuñado de Napoleón y noble militar al mando en Madrid, ha ordenado a la Guardia Imperial de palacio que luchara con artillería contra la muchedumbre exaltada. A los madrileños, indignados por la salida de los hijos del Rey, les ha unido el sentimiento de vengar a sus muertos, asesinados a manos de los franceses, y de deshacerse de los mamelucos y de los lanceros napoleónicos. El levantamiento pronto se ha extendido a todos los rincones de Madrid, protagonizando las luchas callejeras más sangrientas en la Puerta del Sol, en la Puerta de Toledo y en el Parque de Artillería de Monteleón. Sólo dos artilleros españoles del parque han desobedecido las órdenes del capitán general Javier Negrete y se han unido a la insurrección: los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde.

Esta misma tarde, Murat ha proclamado una victoria inexistente ante una población débil, herida, muerta. Pero audaz. La jornada ha finalizado con el fusilamiento de inocentes madrileños en el Salón del Padro y en los campos de La Moncloa.

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