Ángela Paloma Martín en el Retiro, Madrid. Fotografía de Melissa Laguna

Ángela Paloma Martín en el Retiro, Madrid. Mayo de 2009. Fotografía de Melissa Laguna

Hace ya algún tiempo conocí a alguien. Quizás, aún hoy, intento conocerla… Quién sabe, a las personas nunca se las llega a conocer del todo. Su nombre puede que sea único. O no. Lo cierto es que es curioso, diría que, más bien, original: Ángela Paloma. Hablo de ella en este post, sí. Hablo de ella porque su rostro y su cuerpo andan pausados y cansados estos últimos días. Sin embargo, al mismo tiempo ilusionados y entusiasmados: sabe qué le espera en su futuro próximo, pero le da miedo, lo observa desde la distancia con cierto temor, o puede que la palabra exacta sea respeto

Esta última semana ha intentado comprimir los cinco últimos años de su vida. Casi todas sus pertenencias personales están empaquetadas en cajas. Ya no hay nada más que embalar. Ya no distingue donde está cada cosa… Olvida qué es lo próximo que tiene que hacer y lo último que hizo para continuar por donde empezó. Creo que es muy difícil introducir en cuatro paredes de cartón algo que ha sido parte de ese algo llamado vida, es difícil guardar, mirar, observar todos los objetos personales de uno y no permanecer inquieto, absorto en los recuerdos, en lo que un día fueron o lo que representaron para uno mismo… ¡Ay la importancia que tienen los recuerdos!

Los ojos de Ángela están aguados desde que comenzó la mudanza: cinco años vividos en un Getafe que siempre llevará en el corazón. Cinco años vividos en un lugar al que ella llamo hogar. Esta ciudad ha sido su lugar de formación académica, donde ha conocido a muchas personas a lo largo de estos años y donde siempre estará de una u otra manera. Las clases de la Universidad Carlos III de Madrid ahora están vacías, a la espera de nuevos alumnos, a la espera… Y ella ya no estará… Madrid. Ese Madrid de los Austrias, por el que tanto le gusta caminar de la mano, quedará lejos no dentro de mucho. Ella sabe que volverá, pero sus cosas no estarán donde ella las dejó y, probablemente, las personas más cercanas tampoco. Ya no… Ya no…

Mientras recoge las últimas motas de polvo que quedan entre las cuatro paredes amarillas de su habitación, su corazón se invade de nostalgia. Entre esas mismas cuatro paredes ha vivido momentos únicos que ya no volverán. Ya no volverán… Horas intensas de estudio que permanecerán para siempre en su recuerdo y plasmadas tras un sello llamado Título. En su caso dos. En esa habitación quedarán enterradas en el vacío cientos de conversaciones con su familia, sus amistades, sus compañeras de piso. Quedarán sumergidas entre el yeso que las resguarda sus confidentes relaciones, sus más íntimos secretos y sus incansables horas de escritura frente a un ordenador que deja las huellas que ella ha plasmado a conciencia a través de su herramienta favorita: la palabra…

Este día será el último que suba y baje esas escaleras, esos tres pisos sin ascensor. Esta noche ha sido la última vez que ha dormido en esa cama que tanto oculta, como esa mesilla de noche que tanto ha guardado, como ese escritorio quemado por la bombilla que lo iluminaba en las largas noches de incansable trabajo y esfuerzo por un deseo, un sueño y una ilusión que cumplir y hacer realidad: ser periodista.

Esa realidad ya ha llegado. Y con ella el trazo de un nuevo rumbo hacia otro futuro. Para ella se abre un nuevo capítulo de este libro llamado VIDA. Un nuevo capítulo que no sabe muy bien cómo comenzarlo, que le cuesta, incluso, pensar en él… Pero ese nuevo capítulo, aún en blanco, quedará de nuevo manchado por la tinta. Ella prefiere que esa tinta sea fina y precisa, clara, y que las nuevas palabras que conformen esa colección de páginas no plasmen ideas ni momentos negativos. Desea que nuevos sueños invadan su corazón y su conciencia. Nuevas inquietudes que calmar y plasmar para siempre. Quiere, necesita la fuerza necesaria para dibujar en cada esquina de su corazón y su deseo un nuevo reto. Hacer eterno lo imposible. Eso quiere ella…

Este fin de semana será único y el último de un comienzo que dio lugar un octubre de 2003. Este julio de 2009 mira al frente buscando en cada resquicio ese nuevo deseo. Mirando al frente, siempre de frente. Aunque también observando el pasado para no cometer los mismo errores en un futuro… Este julio de 2009 es el fin y el continuará… El continuará…

Anuncios