Fotografía de Ángela Paloma Martín

Fotografía de Ángela Paloma Martín

“Vámonos al fresco” es la típica expresión que utilizan, en mayor medida, las personas que viven alejadas de las grandes urbes. En esta época del año, aquellos que habitan en los pueblos, salen de sus hogares y se sientan con sus vecinos “a tomar el fresco”. Sacan las sillas de casa y buscan cualquier soplo de aire que tercie a pasar por allí. Ese momento es como un ritual diario protagonizado sobre todo por personas mayores. Hombres y mujeres, en compañía se distraen, hablan, se cuentan, se ríen, sin faltar, en muchas ocasiones, el cigarrito de turno o los nietecillos, esos que, con sus chiquilladas, amenizan la conversación o ese “compartir”.

En Argamasilla de Calatrava, Ciudad Real, estas reuniones también son la alegría de las calles porque no hay ninguna en la que falte algún un ciudadano de esta pequeña localidad manchega sentado en su hamaca. En la fotografía podemos ver a unas cuantas vecinas de la familia Martín. Cada día salen a la calle y se reúnen en la puerta de María, una mujer viuda, pequeñita y morena, a la que no le falta simpatía y bondad a su persona. Todas las vecinas, allí con ella, hablan y hablan sin descanso. Y eso les gusta. Entre ellas se cuentan sus quehaceres diarios, sus penas y “arrechuchos”, las vidas de sus hijos, sus nietos… Y así un día tras otro y otro… Y cuándo se juntan, allí en la calle, no lo hacen a una hora en concreto. Ellas van saliendo porque saben que allí se encontrarán, más tarde o más temprano, a “tomar el fresco”…

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