Un país: Italia. Una niña. Un niño. Una adolescente. Un adolescente. Una mujer. Un hombre. Alice della Rocca. Mattia Balossino. Dos personas que no buscan en su interior un porqué. Simplemente viven sabiendo qué les ocurre y cuál es el motivo. Ambos se esconden de una realidad en la que viven introduciéndose en su propia realidad para no romper los esquemas de su existencia. Ambos, números primos gemelos. Así quiso descubrirlo Mattia. Dos personas con personalidades extremas y totalmente fuera de lo común, pero unidas por una misma razón inexistente e invisible; sólo esa razón está presente en sus corazones de una manera idealista.

Con tan sólo 27 años, este licenciado en Física Teórica, Paolo Giordano, ha sabido redactar, con el arte puro de la literatura, una obra de una envergadura notable: La soledad de los números primos. No sólo ha sabido dominar el estilo y el ritmo de sus palabras. No sólo ha sabido otorgar a un modelo de vida humana un título matemático y original. También ha puesto de manifiesto una historia no lejos de la realidad. Unas personas unidas pero separadas cuyas vidas se han marcado por un pasado abrumador y oscuro. Rareza extrema quizás. Ahora, en el presente, ambos viven encadenados a ese pasado; su personalidad, su cuerpo, su mente se quedaron atrás para quedarse.

Personas que caminan a nuestro alrededor desapercibidos por una sociedad ajena. Personas distintas y especiales que conviven con nosotros sin que sepamos percibir cómo son o qué secretos esconden u ocultan. Personas que existen. En este caso son Alice della Rocca y Mattia Balossino. Pero en el fondo, Giordano sabe que cualquiera de nosotros podríamos ser ellos…

“Mattia pensaba que él y Alice eran eso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos pero nunca juntos.”

Paolo Giordano. Fotografía de elpais.com

Paolo Giordano. Fotografía de elpais.com

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