Portada de "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina"

SEGURAMENTE este libro sea uno de los regalos preferidos estas Navidades porque es imposible que cualquiera de los que componen la trilogía Millennium pasen desapercibidos. “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” es el segundo volumen. Y aunque su título abra demasiados interrogantes a lo largo de la lectura, es al final donde encontramos su verdadero sentido.

Traficantes de mujeres, prostitución, mafia, drogas… Stieg Larsson ha elegido un argumento sorprendente a la vez que interesante. Probablemente cueste más sobrellevar la lectura si lo comparamos con Los hombres que no amaban a las mujeres”, el primer libro. No obstante, y para sorpresa del lector, este periodista ha conseguido enganchar en la trama. Ahora sabemos algo más de Lisbeth Salander, su protagonista, una mujer diferente, única, original e irrepetible. Este novelista sueco ha tejido de manera espectacular no sólo una historia: la denuncia queda patente en cada rincón de esta obra literaria.

Las críticas pueden llover y atormentar porque es evidente que sobre gustos no hay nada escrito. Además, existe un cierto miedo: parece que lo comercial tiene un polo opuesto con respecto a la calidad. Sin embargo, lo que no se puede negar es que, una vez más, Larsson ha sabido demostrar que es un verdadero profesional no sólo a la hora de describir la realidad: también de escribir sobre ficción (aunque en este caso logren confundirse).

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