Fotografía de Ángela Paloma Martín

Fotografía de Ángela Paloma Martín

“Vámonos al fresco” es la típica expresión que utilizan, en mayor medida, las personas que viven alejadas de las grandes urbes. En esta época del año, aquellos que habitan en los pueblos, salen de sus hogares y se sientan con sus vecinos “a tomar el fresco”. Sacan las sillas de casa y buscan cualquier soplo de aire que tercie a pasar por allí. Ese momento es como un ritual diario protagonizado sobre todo por personas mayores. Hombres y mujeres, en compañía se distraen, hablan, se cuentan, se ríen, sin faltar, en muchas ocasiones, el cigarrito de turno o los nietecillos, esos que, con sus chiquilladas, amenizan la conversación o ese “compartir”.

En Argamasilla de Calatrava, Ciudad Real, estas reuniones también son la alegría de las calles porque no hay ninguna en la que falte algún un ciudadano de esta pequeña localidad manchega sentado en su hamaca. En la fotografía podemos ver a unas cuantas vecinas de la familia Martín. Cada día salen a la calle y se reúnen en la puerta de María, una mujer viuda, pequeñita y morena, a la que no le falta simpatía y bondad a su persona. Todas las vecinas, allí con ella, hablan y hablan sin descanso. Y eso les gusta. Entre ellas se cuentan sus quehaceres diarios, sus penas y “arrechuchos”, las vidas de sus hijos, sus nietos… Y así un día tras otro y otro… Y cuándo se juntan, allí en la calle, no lo hacen a una hora en concreto. Ellas van saliendo porque saben que allí se encontrarán, más tarde o más temprano, a “tomar el fresco”…

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Encierros en Pamplona, San Fermín. Fotografía de diariodenavarra.es

Encierros en Pamplona, San Fermín. Fotografía de diariodenavarra.es

La otra cara de San Fermín la mostraban las portadas de los periódicos de esta mañana. Cierto es que las quejas de los comentaristas retumbaban los micrófonos en las tertulias radiofónicas. No ha habido ninguna cadena que no lo haya mostrado o comentado. Al menos en radio no se re repetía una y otra vez la imagen de la tragedia vivida ayer en Pamplona.

Toda fiesta conlleva un riesgo. Y la fiesta de San Fermín en Pamplona se lleva todas las papeletas. El correr delante de una manada de toros no es un deporte que se practique a diario. Además, el horario de los encierros es a primera hora. Una hora, quizás, un tanto imprudente después de pasar toda la noche de pie, bailando, sujetando y bebiendo copas y copas…  “Allí prácticamente no se duerme, es estar de fiesta las 24 horas del día”. Este era el comentario que ayer escuchaba en la redacción mientras observábamos la noticia una y otra vez…

Como en Pamplona, hay otras poblaciones españolas que también celebran sus fiestas con encierros. Este es el caso de San Sebastián de los Reyes, en Madrid, o en Almodóvar del Campo, Ciudad Real. En este último, los toros salen a la calle a medio día, no por la mañana, y parecen que los riesgos se reducen.

La fiesta navarra, que comienza el 7 de julio, es conocida en todo el mundo, y a la ciudad acuden cientos de ciudadanos de diversos países. No obstante, no todo es juerga, diversión y popularidad. San Fermín presenta otra cara y esta es algo oscura: el riesgo de correr delante de un toro…


Las Caras en Puertollano. Ángela Paloma Martín 

 

Las Caras en Puertollano. Ángela Paloma Martín

El juego de “las Caras” es una fiesta de Interés Turístico Regional en Semana Santa. Una antigua tradición de Calzada de Calatrava, Ciudad Real. (Pueblo conocido popularmente por ser el que vio nacer al gran director de cine español, Pedro Almodóvar).

Este juego de suerte, prohibido el resto del año, se celebra el Viernes Santo desde por la mañana hasta el Santo entierro de Cristo. Cientos de personas de toda España se congregan en este pueblo manchego para dar cita a esta histórica tradición. No se sabe con exactitud la fecha en la que comenzó a celebrarse. Pero lo cierto es que en ningún sitio se ha visto un juego similar.

Para comenzar el juego se necesitan dos monedas de cobre (del reinado de Alfonso XII) cuyo escudo y caras del rey tienen que estar perfectamente visibles. Una de las personas del corro es la banca. Éste debe juntar las dos monedas de tal manera que las caras del rey queden en el exterior. Esta colocación es muy importante. De echo, es vigilada y, en ocasiones, se pide la comprobación. La suerte es la gran protagonista. Un grupo de personas, los peones, se colocan en círculo, y apuestan grandes cantidades de dinero. La banca apuesta con ellos depositando en el suelo la cantidad de dinero que desea arriesgar. El organizador, cuando ya ha casado las apuestas del corro con el doble de la cantidad apostada, se aparta para que la banca lance las monedas al aire.

Si las dos monedas, al caer al suelo, descubren las dos caras del rey, el organizador gritará ¡caras! y todo el dinero apostado se lo lleva la banca. Si las monedas salen cruces (o escudos), el organizador gritará ¡cruces! y son los puntos, las personas del corro, quienes ganan el dinero de sus respectivas apuestas, incluido el dinero jugado por la banca.

Si al botar y caer en el suelo las monedas de cobre, se descubre que una es cara y la otra cruz, no gana ni pierde nadie. La banca vuelve a lanzar. Al organizador también se le llama baratero. Éste, por cada apuesta, por cada lanzamiento de la banca se lleva una propina, exceptuando las ocasiones en las monedas no coinciden.

Las personas que del círculo han apostado pueden retirarse de la jugada a tiempo siempre y cuando digan la palabra ¡barajo! Ahora bien, esta expresión también puede utilizarse para detener el juego por alguna irregularidad observada en el transcurso de la tirada.

En la actualidad, cada año, esta tradición mueve miles y miles de euros, por no decir millones… En esta antiquísima costumbre de Semana Santa, los peones no  sólo se juegan dinero. También está permitido jugarse tierras, casas, haciendas… Se dice que su origen puede estar en las apuestas que los soldados romanos hicieron con las vestiduras de Jesús una vez que fue crucificado. También se sospecha que fuese motivo el uso que Judas le hizo a las 30 monedas que recibió por vender a Jesús.

Los días previos a Semana Santa, los organizadores o barateros, preparan con ahínco este juego que congrega a cientos y cientos de personas porque, hoy en día, Calzada de Calatrava es el lugar por excelencia donde se celebra. Sin embargo, en otras ciudades manchegas, como Puertollano, también se organiza este juego donde la suerte ocupa el papel más importante.

Anoche, en la madrugada del Viernes Santo, mientras la procesión del silencio iluminaba las calles con la luz de las velas, decenas de ciudadanos puertollanenses hacían sus apuestas…   


Imagen en la iglesia de la Asunción. Ángela Paloma Martín

Imagen en la iglesia de la Asunción. Ángela Paloma Martín

 

Estamos en Semana Santa. Para algunos, estos días de fiesta significarán descanso, relax o reflexión. Otros vuelven a casa, después de muchos meses, para reencontrarse con sus familias. Y, otros, están mirando el cielo continuamente. Temen que una nube arruine meses y meses de preparación. Estos últimos son hermanos de cofradías que se preparan para vestir esta Semana Santa. Para los religiosos practicantes, estos días significan devoción y sentimiento. Rendirse ante la fe y celebrar la muerte y resurrección de Cristo.

Es cierto que, en las grandes ciudades, estas costumbres procesionales se van perdiendo. Las nuevas generaciones vienen renovadas, cuya fe es muy distinta a la que les inculcaban a sus abuelos. Mientras el conocimiento se va abriendo paso entre la sociedad de la información, la fe en la institución “Iglesia” se va perdiendo… Por mucha manifestación pro familia o en contra del aborto que se  celebre…

En los pueblos, los habitantes encalan sus casas, limpian a fondo cada rincón, sacan sus mejores ropas y celebran este acontecimiento acompañados de la mejor gastronomía de la región. Y la peineta que no falte…

En Puertollano, Ciudad real, cada año a las 12 de la noche, se celebra una procesión. Quizás, la de los miércoles, sea una de las que más gentío reúna. Sin contar con la de los viernes por la mañana. Pero es en esta, en la de los miércoles, donde los ciudadanos no se colocan a cada lado de la calle. Esperan en la gran plaza de la iglesia de la Asunción, se colocan como piezas de un puzle entre la escalinata y lo largo de explanada de piedra. Y a ella van llegando los nazarenos con una cruz a cuestas dos veces mayor que sus cuerpos. Arrastran unos pies cansados y descalzos. Y en el silencio de la noche, sólo un sonido: el roce de unas cadenas contra el asfalto, contra el suelo firme. Cadenas que llevan amarradas a tus tobillos cada nazareno anónimo. Y con su cruz a cuestas. Cuando aquellos que tenían promesa llegan hasta su destino, aparecen tres costaleros. Llevan a Jesús en la cruz. Y en el centro de la plaza, antes de entrar a la iglesia, la banda toca el himno. Al compás y con un público expectante, los tres costaleros comienzan a bailar la figura que con tanto esfuerzo han conducido hasta la Asunción. El final acaba con la cruz en pie mientras los fieles rezan… Al bajarla, los ciudadanos de Puertollano que presencian esta procesión, acompañan a los hermanos cofrades hasta el interior del templo.


Las personas, que normalmente piden limosna para sobrevivir, no son pocas en España. Y la crisis, que amenaza cada calle de cada ciudad, amenaza con aumentar la tasa de mendicidad. Unos viven en la calle, de cuyos cartones hacen su hogar. Otros en chabolas, que las abandonan de vez en cuando para conseguir algo de comida o algo de otras cosas. Otros, tempranamente enterrados bajos los puentes de las grandes ciudades. Y otros divagan a lo largo del día y duermen bajo techo en algún sitio. Éstos últimos consiguen algunas monedas en las puertas de alguna iglesia o se conforman con la caridad de aquellos que en otro tiempo les conocieron. Muchos de ellos, melancólicos, pasan la noche en las salas de estar de los hospitales.

En el hospital General de Ciudad Real, una mujer vestida de manera deportiva y cuyo pelo está recogido en una cola de caballo, duerme cada noche en la sala de estar de la UCI. Todos los días suele llegar hacia las nueve. Coloca dos sillas, una frente a la otra, saca su ración de comida de una bolsa que, por lo general, suele ser una hamburguesa de los típicos restaurantes americanos de comida rápida que hoy pueblan nuestras ciudades y, tras su degustación, saca unas monedas y se dirige a la máquina de cafés. Saca un chocolate caliente y, entre soplo y soplo, se lo toma despacio, muy despacio, mientras concilia el sueño. Hasta que cae rendida entre los dos sofás no sin antes haber encendido su móvil, haberse colocado los auriculares, y haber puesto la radio… Así pasa las noches… Cada noche. Con un habla pausado, cansado, y sin que nadie le pregunte, ella habla. Se dirige hacia cualquier persona que esté cerca y le asegura que su “abuela está muy enferma”: “mi hermana está aquí durante el día y yo paso las noches”.

A pesar de ser el día del padre, Ramón está solo. A este hombre lo conoce prácticamente todo el mundo en Puertollano. Y todo el mundo asegura que es un buen hombre y una gran persona. Ramón llegó esta tarde a la sala Urgencias del hospital Santa Bárbara con un cansancio atroz. Nada más llegar a las puertas del exterior, se paró, se quitó la chaqueta, una bandolera que lleva colgada en cada paseo y aparcó su bastón, decorado su puño con la cabeza de un galgo corredor. Llegó respirando con mucha dificultad. Tras coger aire, este hombre pequeñito de escaso pelo y barba canosa, sacó de su bolsillo un aerosol. Parece ser que siempre le acompaña. Le ayuda a respirar. Inhaló unas tres o cuatro veces de manera continuada. Y tras este ejercicio, liberó su pata de palo, de esas de madera. De esas que llevan correas de cuero para sujetar una media pierna mutilada por el tiempo y el dolor de algún accidente. De esas que salen en las películas de primeros de siglo. De esas que tallaban los carpinteros con espero para los que perdían medio paso en el fragor de las batallas. La pata de palo de Ramón está curtida y desgastada por el paso de la historia y el tiempo, el sol y lluvia, el calor y la pena. Ramón duerme y descansa en la sala de espera, en Urgencias, en este hospital de Puertollano. Un hombre gitano, a cuya hija esperaba (estaba enferma del corazón), decía que Ramón tiene una gran casa, que tiene mujer e hijos, grandes y criados todos. “Tiene familia pero está solo”. Este gitano moreno decía que Ramón había sido un buen hombre toda su vida: “de pequeño, ¡anda que no me ha dado a mi de comer!”. “¡Con lo que ha sido Ramón! ¡Qué lástima de hombre!”, decía reiteradamente con su deje gitano. Vestido con camisa de cuadros, sudadera deportiva azul y pantalones claros de pana, Ramón dormía encorvado en una silla de metal sin preocuparle las penas de aquellos que a su alrededor le acompañaban. Este gitano de 64 años, altivo y eternamente delgado, antes de marcharse del hospital se acercó a una máquina, sacó un chocolate calentito y le dijo a Ramón: “¡tómatelo despacito! ¡Todo! ¡No dejes que se enfríe!”.


N420. Por Ángela Paloma Martin

N420. Por Ángela Paloma Martín

ESTE es un tramo de la carretera Nacional 420, en concreto, el que une dos localidades manchegas: Puerto Lápice y Daimiel. A pesar de que mucho se ha hecho por construir la autovía A-43, los automovilistas que viajan desde Madrid hasta Ciudad Real o Puertollano (y viceversa) prefieren pasar por esta nacional española en vez de llegar hasta Manzanares por la Autovía del Sur A-4 o por la misma A-43. Y la razón en obvia: si llegan hasta Manzanares el recorrido se alarga unos 30 kilómetros más.

 

N420. Ángela Paloma Martin

N420. Por Ángela Paloma Martín

 

No obstante, este tramo de carretera romana, de unos 30 minutos de conducción aproximadamente, está en muy malas condiciones. Por ella pasan al día cientos de automóviles y camiones que circulan por ella con muchas dificultades. Su principal ventaja es el ahorro en kilómetros de viaje y combustible. Pero sus inconvenientes se convierten en un peligro para los que circulan por ella.

N420. Ángela Paloma Martin

N420. Por Ángela Paloma Martín

 

Cientos de baches, hoyos y grietas imperan esta carretera. La conducción ha de ser lenta y suave para que el automóvil no sufra las consecuencias de la nefasta infraestructura. Hay que poner los cinco sentidos al cien por cien a la hora de adelantar ya que apenas existen tramos con buena o suficiente visibilidad. Y qué decir de los puntos negros: ellos son los reyes de la carretera.

 

N420. Por Ángela Paloma Martin

N420. Por Ángela Paloma Martín

 

El alquitranado no es homogéneo porque las lluvias y el tiempo han hecho de él un suelo casi intransitable. La pintura que divide los carriles es poco visible. ¿Y los arcenes? No hay hueco en caso de que un coche, un camión u otro tipo de vehículo tuviese que parar por emergencia. En caso de ser así, este interrumpiría la circulación y no abría apenas tiempo de reacción al divisar el obstáculo emergente. Sin embargo, tiene algo bueno (o no, depende): está resguardada bajo el dominio vigilante de la Guardia Civil.