"Te llaman porvenir porque no vienes nunca". Fotografia de Maat

ÁNGELA PALOMA MARTÍN | Madrid

ASÍ es, “te llaman porvenir porque no vienes nunca”. La solución. La salida. La luz. El tiempo que se fue y no volverá… La solución, la tan ansiada y deseada solución. Una. Esta. La crisis económica que vino y cuya solución está… ¿Dónde está la solución?

Con corbata granate y camisa blanca acudió a la máxima Cámara el pasado miércoles. Blanca como la de Obama. Blanca como la de Obama simulando a los Kennedy, aunque lejos, sin duda, estaba nuestro presidente Rodríguez Zapatero de parecerse. Con corbata granate acudió. Así es. Y esperó a que hablase su ministra. La segunda, la que él nombro cuando a Solbes le faltaba el aliento, el aire, todo le faltaba ya a Solbes. Mientras, los periodistas atentos estaban en la tribuna de prensa o en sus cabinas correspondientes. Esperaban a que dijera lo que dijese, Salgado y todos los portavoces de los grupos. Los periodistas esperaban la llamada de sus jefes o simplemente su disposición a informar a sus respectivos medios: “ya está, lo ha dicho. Ahora sólo falta esperar a la votación”. Muy clara no estaba la cosa. Ya lo decían por la mañana en la radio. Ya lo decía incluso la gente en el mercado, y los taxistas también a primera hora de la mañana… Y por un voto se salvó. Por uno sólo…

“Los tres próximos meses serán decisivos para poner las bases de la economía española de las próximas décadas”, dijo el presidente. Pero mucho está tardando el equilibrio en llegar, si es que éste existe. Piden comprensión a la ciudadanía, a los parados, a los nacionalistas, ¡a la oposición y a los sindicatos! Muchas reformas para 90 días. 90 días. Un periodo de prueba demasiado corto, o largo, o que tardó demasiado en llegar. Un tijeretazo, histórico en la democracia española: la reforma del mercado laboral, la de las pensiones, la de las cajas… La reforma laboralUna negociación que no llega, y cuando llega muere en el intento…

Ya lo decía Ángel González, “Te llaman porvenir porque no vienes nunca”…


Celestino Corbacho, ministro de Trabajo e Inmigración

Celestino Corbacho, ministro de Trabajo e Inmigración

UNA vez más, parece que la dirección general de Coordinación de Moncloa ha fallado. Una comunicación política con brechas después de que Elena Salgado, ministra de Economía y Hacienda, negara las afirmaciones arrojadas por el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho. Entre el 16% y el 20% del PIB se sitúa en España la economía sumergida, esas fueron las palabras que el responsable de trabajo comunicó el pasado 13 de enero. Las respuestas no se han hecho esperar: Salgado ha argumentado que sus cifras “no tienen ninguna base científica”. Sin embargo, el primero en contestar fue el secretario de Estado y de Economía, José Manuel Campa, quien calificó de “osado” poner números concretos a ese porcentaje. Éste justificó su respuesta alegando la improbabilidad de hacer cuentas exactas en un momento en el que la economía en España está en un periodo de transformación y que no hay “estudios científicos buenos y fiables”.

Tres mensajes diferentes en menos de dos días lleva a una clara confusión y se acrecienta la falta de credibilidad. La estrategia en términos de comunicación económica debería ser simplificada por Moncloa en un momento en el que la sociedad está muy pendiente del vaciado de sus bolsillos y de su dignidad. Hay que tener en cuenta el público objetivo al que va dirigido el mensaje y hacerlo lo más sencillo posible ya que la información económica es, y parece que seguirá siendo, muy difícil de interpretar y no digamos si existen tres versiones de cifras macroeconómicas.


Vídeo de Ángela Paloma Martín. antena3noticias.com

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Dicen que toda persona que parte de su tierra vuelve algún día… El presidente  del Congreso, José Bono, suele hacerlo habitualmente. Suele regresar al pueblo en el que nació, Salobre, a su tierra manchega, seca y basta, a Albacete. Ha sido allí donde ha recibido a los medios de comunicación que le suelen acompañar durante el curso político en el Congreso de los Diputados. Contento estaba de enseñar a sus compañeros las calles por donde corría y el río donde su “madre bajaba a lavar hasta que crecieron las zarzas”.

Los periodistas, sedientos de sacarle información que contar, lo han seguido hasta su casa, la de toda la vida. Pero José Bono no quería “dar titulares”. Él quería contar otras cosas: anécdotas infantiles, los nuevos proyectos que se están realizando en su pueblo, el cómo y el por qué de las placas en su casa… “Transparencia democrática”, ha dicho una y otra vez…

Pero como político que es y se siente, le ha sido imposible mantenerse al margen de los últimos acontecimientos, como por ejemplo, la hipotética subida de impuestos anunciada por el ministro de Fomento, José Blanco: “No he oído a la ministra de Economía y vicepresidenta segunda del Gobierno, que es la que tiene encargados estos menesteres de los impuestos, hablar al respecto. Más bien se trata de opiniones y reflexiones, como ha dicho el propio Pepe Blanco, que no eran propuestas definidas y concretas. Por tanto, resultaría muy imprudente que yo me pronunciase al respecto. Simplemente les diría que los impuestos los ha de aprobar el Parlamento, que no hay ninguna norma que haya entrado ni ningún proyecto de Ley en esa dirección”.

También ha sido inevitable preguntarle por la denuncia que la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, ha hecho sobre las supuestas escuchas ilegales a dirigentes del PP. Esto es lo que Bono respondía al respecto: “en España no se escucha ilícitamente a nadie, porque todas las escuchas son las que ordenan los jueces habitualmente para escuchar a los malos, es decir, a los asesinos, a los terroristas, a sus cómplices…”.

Durante sus vacaciones, José Bono ha sido testigo de la vida veraniega de sus vecinos manchegos. Según sus declaraciones, parece haber percibido las necesidades de éstos y asegura que lo que la gente quiere es que “las cosas se mejoren en el ámbito de la economía, y que el Gobierno ayude a quien más lo necesita, pero no por ningún tipo de odio social como alguien podría sugerir”. Así es la vida en su pueblos (y en todos los pueblos me atrevería a decir): ven la televisión, leen los periódicos, “si es que los leen”, y los dejan si alguien “les invita a una partida de dominó”. Sus palabras podrían ser interpretadas para cualquier ciudadano que viva en España. Sin embargo y, a pesar del deseo de los españoles, esta afirmación del presidente del Congreso, parece no llegar nunca…

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