Theslogan Magazine

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Recuerdo mis primeros años de estudiante cuando aún no tenía Internet en el piso en el que vivía. Nos organizábamos nuestros horarios de estudio, las comidas, cuándo hacer la colada y limpiar, cuándo salir y, por supuesto, cuándo ir a casa a visitar a la familia y a l@s amig@s. Pero todo cambia. Las compañeras, los hábitos y las formas de vida, las costumbres e incluso el propio piso. Antes solíamos ver los informativos de la televisión mientras cenábamos. En el descanso, fregábamos los platos (o la “loza”, como bien decía una gallega…). Y después, nos apalancábamos en el sofá para disfrutar de la serie del día. Antes hablábamos más por la casa, se notaba que había vida en ella. Es cierto que no teníamos Internet. Pasábamos más horas en la Universidad para aprovecharlo al máximo ya que prácticamente todos nuestros apuntes estaban (y están) ahí. También la entrega de trabajos y prácticas y las relaciones con el profesorado eran (y son) mediante este soporte digital.

 

Cinco años después todo ha cambiado. Necesitamos Internet, casi casi, 18 de las 24 horas del día para llevar a cabo la carrera, para estar comunicados con los profesores, con los compañeros de clase y de trabajos, con los amigos y con la familia, para poder mantenernos informados de cuanto acontece. Necesitamos Internet para consultar fuentes y tener una visión global de lo que estamos realizando cuando llevamos a cabo nuestros trabajos finales. En esta web 2.0 los servicios han aumentado, se ha convertido en una majestuosa enciclopedia, han aumentado los blogs informativos, los portales de relaciones sociales, la comunicación multimedia, los periódicos digitales. Ahora es una fuente ágil y flexible. Pero con una brecha importante,: el retraso de las telecomunicaciones.

 

Ahora en casa reina el silencio. Mi nueva compañera de piso, que tiene cinco años menos que yo, me manda correos electrónicos cada vez que quiere decirme algo curioso sin importancia, según dice ella, para no molestarme ni distraerme. Cuando es algo importante, rompe esa norma que la ha hecho suya. Aquí apenas se enciende la televisión. Sólo para ver el informativo. Si alguien visita nuestra casa, nos encontrará a cada una aparcadas en nuestra silla, enfrente del escritorio con el ordenador encendido o con un bolígrafo en la mano… Ahora la comunicación entre nosotras se sitúa en la cocina mientras hacemos la comida, o en el pasillo, cuando nos encontramos para despedirnos al salir a la calle…

 

Por eso no me ha sorprendido leer el artículo que publicaba elpaís.com esta mañana: Los españoles ya pasan más tiempo en Internet que viendo la televisión

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Poco se sabe de la “web 2.0”. Yo empecé mi amistad con este término hará hoy algo más de un año. Me lo presentó mi profesora de “Periodismo en la Red”. Poco sabemos de ella. Sin embargo somos muchísimas personas las que recurrimos a ella, las que la necesitamos para consultar cualquier cosa, para informarnos, para realizar cualquier actividad, cualquier ejercicio en el soporte digital, para comunicarnos entre nosotros, para expresarnos en la web, en Internet.

 

Pues bien, el término lo creó una persona llamada Tim O’Reilly en el año 2004. Quiso llamar así a la segunda generación de la web. La 2.0 ya no está compuesta por páginas estáticas HTML. Ahora se actualiza constantemente. Y no sólo eso, también incorpora una colección de servicios; los blogs se han convertido en un soporte de alta expresión ciudadana; los jóvenes han hecho de las redes sociales su lugar de quedada y comunicación… En definitiva, un mundo virtual donde se permite, entre los usuarios, un intercambio de información flexible y una comunicación ágil. Desconocida pues, pero utilizada por todos…