ÁNGELA P. MARTÍN | Washington DC

DESPUÉS de visitar el Newseum en Washington, uno se da cuenta de que todos lo museos no son iguales. Cada uno que se visita tiene un toque especial. Y por supuesto, la palabra museo no se debe relacionar nunca con la palabra aburrimiento, pintura tras pintura o lienzo tras lienzo.

Fachada Newseum. Fotografía de Ángela Paloma Martín

Seguramente, los profesionales de la información y aquellos fanáticos o aficionados al periodismo o al reporterismo sean los más curiosos por conocer el gran museo de la prensa, tantas veces mencionado en los medios por tantos y tantos periodistas de reconocido prestigio.

El Newseum se levanta en un gran edificio de siete plantas. Y nada más llegar, puedes observar en 4D una película que te va acercando, cuan sueño mágico, al espectacular mundo del periodismo haciendo un recorrido por la historia. Y en cada planta, algo que contar y en diferentes soportes. Este museo interactivo es así, para grandes y pequeños, para amigos en búsqueda de un sueño, para periodistas que se quieren sentir involucrados y que les gustaría vibrar con cada cosa que allí se muestra.

Sexta planta. Fotografía de Ángela Paloma Martín

Sexta planta. Fotografía de Ángela Paloma Martín

Desde pedazos del muro de Berlín que un día separaron en dos el mundo, hasta el fatídico 11 S. Desde periódicos que un día nacieron para quedarse, hasta las portadas del día de hoy de cientos de periódicos de todo el mundo. Desde la prensa, hasta la radio, pasando por la televisión e Internet. Desde la fotografía hasta los premios Pulitzer. Desde un plató de TV hasta un memorial de los periodistas que han muerto ejerciendo su labor y aquello que más les gustaba. Desde corresponsales hasta verdaderos presentadores venerados en este país.

Fragmentos del Muro de Berlín. Fotografía de Ángela Paloma Martín

Premios Pulitzer. Fotografía de Ángela Paloma Martín

Portada del hundimiento del Titanic. Fotografía de Ángela Paloma Martín

En memoria de los periodistas fallecidos. Fotografía de Ángela Paloma Martín

En memoria de José Couso, operador cámara asesinado en la guerra de Irak. Fotografía de Ángela Paloma Martín

Zona de corresponsalías. En la fotografía James Natchwey, fotógrafo de guerra. Fotografía de Ángela Paloma Martín

El Newseum es para ver y disfrutar. Para conocer. Para contemplar. Para adivinar. Para vivir este mundo del periodismo. Para sentirlo.

Panel de portadas de decenas de periódicos que abrieron con el atentado del 11S personas. Fotografía de Ángela Paloma Martín

Anuncios

Si alguien se preguntaba si algún día habría imagen en la prensa, ya puede dar respuesta a su curiodisdad… En pocos meses seremos capaces de abrir una revista y ver un vídeo en una pequeña pantalla LCD del tamaño de un móvil. Este nuevo proyecto lo podremos ver en la revista de Los Ángeles  “Entertainment Weekly” y ya tiene fecha de presentación: será el 18 de septiembre cuando se dé a conocer al público. Aunque de momento es una fórmula publicitaria insertada en una hoja de publicación periódica, no se descarta en absoluto que el futuro del periodismo impreso vaya encaminado por esta línea audiovisual. Se jugará con la imagen, con el sonido, con la voz… para capar, en un futuro próximo, la atención del lector/telespectador. Esta revolución híbrida funciona con batería y su coste ascenderá alrededor de los 20 euros. El tiempo pasa y la revolución del periodismo impreso parece estar, cada vez, más cerca…


Vean ustedes mismos y valoren la situación en la que se vio envuelta la periodista…


Walter Cronkite, 1952. Fotografía de elpaís.com

Walter Cronkite, 1952. Fotografía de elpaís.com

Quienes se dedican a la profesión periodística, lo saben. Este oficio es apasionante. Ayer escuchaba de boca de un redactor que el que vive anclado en el pasado, sufre depresión, y el que espera el futuro, ansiedad. Quien quiera vivir en el presente “que viva con un periodista”. Aunque corta sea la idea, ésta es totalmente cierta. Los periodistas vivimos el presente para contarlo, dejando palabras, ideas y hechos que se convertirán en parte de nuestra historia.

Hoy leemos en los periódicos una noticia que estremece: Walter Cronkite ha fallecido. Lo hizo ayer en Nueva York a sus 92 años. Cronkite era conocido como el padre del periodismo televisivo además de ser el periodista con más credibilidad en Estados Unidos tras su paso por la cadena CBS. Era el de las siete el telediario que contaba con más audiencia y el que levantó su prestigio como profesional. Trasladó a la sociedad noticias tan relevantes como el asesinato de John Kennedy en 1963, la guerra de Vietnam, el caso Watergate o la inédita llegada del hombre a la luna. El que fuese hijo de un dentista y de una ama de casa, dijo adiós a las cámaras en 1981. Nunca llegó a graduarse, pero supo forjar una imagen única como presentador en el mundo del periodismo televisivo. Siempre se le recordará por la frase que repetía al finalizar cada telediario: “así son las cosas”…


Los espacios de los medios de comunicación lo ha ocupado la que ha sido la gran noticia del día: la muerte del bebé Rayan. Desde bien entrada la mañana, podíamos leer, oír y ver la negligencia médica que se ha cometido con el hijo de la primera fallecida por gripe A en España, Dalila. Su marido, Mohamed, lo ha perdido todo en 15 días: primer a su mujer, que fue ingresada cuando aún estaba embarazada, y a su hijo, que nació por cesárea en su 28 semana de gestación.

El bebé prematuro no tenía la gripe A. Sin embargo, una joven enfermera, en su primer día en la UCI de neonatología, cometió el error de introducirle alimento por vena en vez de por la vía nasogástrica. El pequeño Rayan falleció ayer, en el hospital madrileño Gregorio Marañón.

 Repercusión mediática

No se ha hablado de otra cosa en todo el día, exceptuando el tema político sobre la financiación. Es impresionante la cantidad de llamadas telefónicas que han recibido las cadenas radiofónicas. Las tertulias han ocupados los intensos minutos de discusión por las negligencias médicas. Y la interactividad social ha tenido una especial relevancia con este tema. Nadie se quería quedar atrás: todo el mundo quería dar a conocer su caso personal médico, su enfermedad o sus dolencias actuales y exponer su opinión sobre las carencias de la sanidad pública en España y, especialmente en este caso, en la Comunidad de Madrid. A esto respondían, explicándose y defendiéndose, médicos, enfermeras, auxiliares… La precariedad laboral era el tema que abordaban ellos con un ímpetu necesario y reivindicativo. “Falta de personal”: estas era las palabras más escuchadas de boca de estos trabajadores sanitarios…


En ocasiones, en una asignatura como lo es Tratamiento de la Información en Televisión, pueden asaltar dudas sobre los formatos empleados por diversos presentadores a la hora de exponer en un informativo los acontecimientos del día. Y es que, en ocasiones, periodistas ya reconocidos se toman la libertad de emplear su propia opinión antes de dar comienzo a la noticia. Un breve comentario editorial que enmarca una situación previa al informativo.

Este formato, que últimamente están empleando los informativos de televisión, está siendo aceptado por los directores de las cadenas. Pero, ¿lo prefieren los telespectadores a la hora de informarse? ¿Hay riesgo de que el usuario pierda el hilo y confunda lo que es opinión con lo que es noticia? ¿Se deja llevar por las palabras del presentador? ¿Existe una credibilidad plena y comparte su postura? Esta y otras cuestiones quedan abiertas en la brecha del periodismo… No obstante, la innovación y la evolución de los medios de comunicación es necesaria y evidente.

Expongo un ejemplo de opinión antes del comienzo de un informativo. Un ejemplo que también han expuesto a un grupo de alumnos de periodismo y cuyas imágenes han despertado alguna que otra sonrisa. Fernando Sánchez Dragó lo hizo de esta manera en diciembre de 2007…

 


Theslogan Magazine

Theslogan Magazine

 

Recuerdo mis primeros años de estudiante cuando aún no tenía Internet en el piso en el que vivía. Nos organizábamos nuestros horarios de estudio, las comidas, cuándo hacer la colada y limpiar, cuándo salir y, por supuesto, cuándo ir a casa a visitar a la familia y a l@s amig@s. Pero todo cambia. Las compañeras, los hábitos y las formas de vida, las costumbres e incluso el propio piso. Antes solíamos ver los informativos de la televisión mientras cenábamos. En el descanso, fregábamos los platos (o la “loza”, como bien decía una gallega…). Y después, nos apalancábamos en el sofá para disfrutar de la serie del día. Antes hablábamos más por la casa, se notaba que había vida en ella. Es cierto que no teníamos Internet. Pasábamos más horas en la Universidad para aprovecharlo al máximo ya que prácticamente todos nuestros apuntes estaban (y están) ahí. También la entrega de trabajos y prácticas y las relaciones con el profesorado eran (y son) mediante este soporte digital.

 

Cinco años después todo ha cambiado. Necesitamos Internet, casi casi, 18 de las 24 horas del día para llevar a cabo la carrera, para estar comunicados con los profesores, con los compañeros de clase y de trabajos, con los amigos y con la familia, para poder mantenernos informados de cuanto acontece. Necesitamos Internet para consultar fuentes y tener una visión global de lo que estamos realizando cuando llevamos a cabo nuestros trabajos finales. En esta web 2.0 los servicios han aumentado, se ha convertido en una majestuosa enciclopedia, han aumentado los blogs informativos, los portales de relaciones sociales, la comunicación multimedia, los periódicos digitales. Ahora es una fuente ágil y flexible. Pero con una brecha importante,: el retraso de las telecomunicaciones.

 

Ahora en casa reina el silencio. Mi nueva compañera de piso, que tiene cinco años menos que yo, me manda correos electrónicos cada vez que quiere decirme algo curioso sin importancia, según dice ella, para no molestarme ni distraerme. Cuando es algo importante, rompe esa norma que la ha hecho suya. Aquí apenas se enciende la televisión. Sólo para ver el informativo. Si alguien visita nuestra casa, nos encontrará a cada una aparcadas en nuestra silla, enfrente del escritorio con el ordenador encendido o con un bolígrafo en la mano… Ahora la comunicación entre nosotras se sitúa en la cocina mientras hacemos la comida, o en el pasillo, cuando nos encontramos para despedirnos al salir a la calle…

 

Por eso no me ha sorprendido leer el artículo que publicaba elpaís.com esta mañana: Los españoles ya pasan más tiempo en Internet que viendo la televisión